¿Quién gana con ese tiempo?
Desde preparar una cotización en un concesionario hasta detectar defectos en una fábrica, la inteligencia artificial puede acelerar tareas concretas. Para las empresas paraguayas, la decisión que sigue es qué hacer con ese tiempo y cómo compartir los beneficios.
Por Revista ZAPPING
Imaginemos un concesionario de Ciudad del Este. Un cliente pide por WhatsApp el precio de una camioneta, las opciones de financiación y una fecha para probarla. Una herramienta de inteligencia artificial puede preparar el borrador de la respuesta y ordenar los datos de la consulta. El vendedor verifica el stock, confirma las condiciones y se ocupa de hablar con el cliente.
Si el equipo gana una hora al día con ese sistema, ¿en qué la usa? Puede responder consultas que antes quedaban pendientes, retomar conversaciones con compradores que ya pidieron un presupuesto o dedicar más tiempo a explicar las diferencias entre dos modelos. También puede recibir una meta más alta de contactos por día. La herramienta es la misma. Lo que cambia es la decisión de la empresa.
Del salón de ventas a la fábrica
En un taller, una aplicación puede ordenar las observaciones del técnico y preparar un informe que ayude al cliente a entender qué se reparó y qué queda pendiente. En una planta, un sistema de visión artificial puede señalar una pieza que merece una segunda inspección. En ambos casos, vale la pena medir qué ocurre después. ¿El cliente recibe antes su vehículo? ¿Se evitan retrabajos? ¿El equipo tiene más tiempo para resolver los casos que requieren experiencia?
Para un concesionario, responder más rápido tiene valor si la cotización es correcta y el comprador sabe con quién hablar cuando necesita una explicación. Una respuesta automática con una cuota desactualizada puede ahorrar minutos en el primer contacto y hacer perder la venta después.
El empleo cambia tarea por tarea
La Organización Internacional del Trabajo estima que uno de cada cuatro trabajadores en el mundo se desempeña en una ocupación con algún grado de exposición a la IA generativa. Según su estudio de 2025, el resultado más probable para la mayoría de los puestos expuestos es que cambien algunas de sus tareas. La estimación mide exposición potencial a escala mundial.
En un concesionario, eso puede significar que un vendedor dedique menos tiempo a redactar mensajes y más a entender qué vehículo necesita el cliente, explicar el costo de mantenerlo o acompañar una prueba de manejo. Para que eso ocurra, el equipo necesita acceso a información confiable, capacitación para usar la herramienta y tiempo para asumir esas tareas.
¿Cómo se reparte el beneficio?
El economista español Santiago Niño Becerra ha advertido que, si el avance de la IA reduce las horas de trabajo remuneradas, también podrían verse afectados los salarios y las cotizaciones sociales. Ese escenario pone sobre la mesa una pregunta que cada empresa puede discutir desde el inicio. Si la misma tarea lleva menos horas, ¿la ganancia se traduce en mejores márgenes, en un mejor servicio, en una menor carga de trabajo o en mejores ingresos para el equipo?
En Paraguay, un concesionario que quiera evaluar ese cambio puede mirar cuántas consultas se convierten en visitas, cuántas cotizaciones necesitan correcciones y cuántas veces un vendedor debe quedarse después de hora para ponerse al día. Juntos, esos datos ayudan a ver si la inversión mejoró la atención, alivió la jornada o simplemente aumentó la cantidad de mensajes enviados.
La pregunta para el empresario paraguayo es concreta. Si mañana tu equipo recupera una hora al día gracias a la IA, ¿qué va a poder hacer con esa hora que hoy queda pendiente?
Y si en ese tiempo la empresa logra vender más o atender mejor, ¿cómo deberían participar los trabajadores de ese beneficio?
El debate queda abierto.







