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Una mirada a las emociones que predominaron al inicio de la cuarentena

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Desde el inicio de la cuarentena, todos nos vimos sumergidos en una montaña rusa de emociones, que fueron mutando a lo largo de las distintas etapas por la que atravesamos durante esta pandemia. El encierro de un día para otro afectó a las personas de manera distinta. Algunos no vieron grandes cambios en sus rutinas, pero otros tuvieron que enfrentarse con realidades desafiantes ante la incertidumbre naciente.

A partir de marzo de este año, nuestra dinámica social se vio modificada como nunca antes. Los encuentros familiares y con amigos quedaron postergados, incluso ir a trabajar fuera de casa ya no era una opción. Algunos negocios cerraron, muchos planes y sueños se vieron frustrados por una pandemia que nos afectaba a todos a nivel global.

Es por eso que desde Nauta junto con Unicef Paraguay realizamos un estudio para detener la mirada en las emociones de las personas durante esta pandemia, y así profundizar en ese lado humano que a veces no vemos en las noticias. En esta primera parte del estudio realizada en mayo, durante la fase 2 de la cuarentena, obtuvimos los siguientes resultados:

La incertidumbre es el sentimiento más presente en 6 de cada 10 personas. Esa falta de seguridad, de confianza o de certeza sobre lo que sucederá es lo que predominó en aquel entonces. Ante una emergencia sanitaria tan grande y pocas veces vista a nivel global, el no tener control sobre lo que va a pasar se presenta más fuerte que nunca, ya los cálculos y predicciones no sirven, todo lo planificado queda descartado y nos presentamos más vulnerables que nunca.

En segundo lugar, con un 39% están las personas que se sentían angustiadas, con tristeza, pesar en sus corazones. Esta angustia si se mantiene a lo largo de los días podría incluso sentirse físicamente con dolores torácicos, sensación de asfixia, palpitaciones y este sentir físico pudo haber impactado en sus acciones cotidianas desembocando resultados no deseados.

Luego con 28% y 25% están quienes mencionan sentirse asustados y con mucho miedo. A veces ese temor se traduce también en un cuidado que va más allá de uno mismo, sino en la preocupación por los padres o por alguien cercano. Y una de las pocas maneras para contrarrestar el miedo es con amor, dice Anthony de Mello en una frase «Lo contrario del Amor no es el odio, sino el miedo, el odio es una consecuencia del miedo».

En quinto lugar, encontramos otra emoción afín que es la ansiedad, posiblemente con ganas de tener mayor respuestas y claridad ante la enfermedad y sus consecuencias socio-económicas. La ansiedad es una reacción emocional frente a situaciones estresantes, a amenazas, también tiene respuestas fisiológicas como aumento del ritmo respiratorio, la tensión muscular, etc. y queremos paliar este estado haciendo cosas, por eso se vio al inicio de la cuarentena tantas personas cocinando.

Luego siguen otros sentimientos que estuvieron menos presentes, como la depresión, la esperanza o la desesperación. En último lugar de todos, con solo un 7% de respuesta espontánea está la tranquilidad. Un grupo muy pequeño de personas fue el que afirmó estar tranquilo ante este contexto, alegando que no es tan grave como parece.

Si vemos estas emociones como conductores de pensamientos y, finalmente, de acciones, podemos encontrar una conexión con los hechos y las cifras actuales que se anuncian diariamente, ya que son estos sentimientos los que van marcando nuestro comportamiento.

Las emociones de preocupación, de incertidumbre o de temor genera un nivel de cuidado mayor por parte de la ciudadanía, comportamiento que se vio reflejado en las cifras de contagio al inicio de la cuarentena. Si volvemos a medir los sentimientos hoy, posiblemente sean de cansancio, de hartazgo y de impaciencia, lo que refleja que cada vez se tomen menos medidas preventivas, e incluso de manifiesten en contra de estas medidas como es el caso actual de Alto Paraná.

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